Mostrando entradas con la etiqueta poesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesia. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de octubre de 2013

Jacques Brel





La ternura


Por un poco de ternura
Daría los diamantes
Que el diablo acaricia
En mis cofres de plata.
Por qué crees tu 
Que los marinos en el puerto
Vacían sus escarcelas
Para ofrecer tesoros
A falsas princesas.
Por un poco de ternura.

Por un poco de ternura
Yo cambiaría de rostro
Cambiaría de ebriedad
Cambiaría de idioma.
Por qué crees tu 
Que en la cumbre de sus cantos
Emperadores y trovadores
Abandonan con frecuencia
Poderes y riquezas.
Por un poco de ternura.

Por un poco de ternura
Te ofrecería el tiempo
Que queda de juventud
En el verano que termina.
Por qué crees tu 
Que asciende mi canción
Hacia el encaje claro
Que danza sobre tu frente
Inclinado hacia mi angustia.
Por un poco de ternura.


Orly

Son más de dos mil
Y no veo más que a ellos dos
La lluvia parece haberles
Soldado el uno al otro
Son más de dos mil
Y no veo más que a ellos dos
Y yo sé que ellos hablan
El debe decirle te quiero
Ella debe decirle te quiero
Yo creo que no van
A prometerse nada
Esos dos son demasiado delgados
Para ser deshonestos.

Son más de dos mil
Y no veo más que a ellos dos
Y bruscamente él llora
El llora a borbotones
Completamente rodeados
De gordos sudorosos
Y de devoradores de esperanza
Que les señalan con la nariz
Pero esos dos, desgarrados,
Espléndidos de tristeza
Abandonan a los perros
La hazaña de juzgarles.

La vida no hace regalos
Y por Dios que es triste Orly
Los domingos con o sin Becaud

Y ahora ellos lloran
Quiero decir los dos
Antes era él
Cuando yo decía "él"
Completamente pegados
Ya no oyen más
Que los sollozos del otro.
Y luego, y luego, infinitamente,
Como dos cuerpos que rezan
Infinitamente y lentamente
Esos dos cuerpos se separan
Y al separarse
Esos dos cuerpos se desgarran
Y yo os juro que gritan.

Y luego se retoman
Vuelven a ser uno sólo
Vuelven a ser el fuego
Y luego se redesgarran
Se retienen con los ojos
Y luego retrocediendo
Como el mar se retira
El consuma el adiós
Babea algunas palabras
Agita una vaga mano
Y huye bruscamente
Huye sin mirar atrás
Y luego desaparece
Engullido por la escalera.

La vida no hace regalos
Y por Dios que es triste Orly
Los domingos con o sin Becaud


Y ella, ella se queda allí
Corazón en cruz, boca abierta
Sin un grito, sin una palabra
Ella conoce su muerte
Ella acaba de cruzarla
He aquí que se vuelve
Y se vuelve otra vez
Sus brazos le llegan al suelo
Ya está: tiene mil años.

La puerta se ha cerrado
y se ha quedado ahí, sin luz,
Ella gira sobre ella misma
Y ya sabe que girará siempre.
Ella ha perdido hombres
Pero ahí, ahí, ha perdido el amor.
El amor, se le ha dicho,
o sea otra vez ahí lo inútil...
Ella vivirá proyectos
Que no harán sino esperar
y hela ahí otra vez frágil
Antes de derrumbarse.

Y yo estoy alli, yo la sigo
Sin atreverme a nada con ella
A la que la multitud mordisquea
Como a una fruta cualquiera.




El próximo amor


Por mas que se haga, por mas que se diga
Que un hombre prevenido vale por dos
Por mas que se haga, por mas que se diga
Sienta bien estar enamorado
Yo se, yo se que este próximo amor
Será para mí la próxima derrota
Yo se ya al empezar la fiesta
La hoja muerta que será el amanecer
Yo se, yo sé sin saber tu nombre
Que seré tu próxima captura
Yo se ya que es por su murmullo
Que los estanques ponen los ríos en prisión.

Pero por mas que se haga, por mas que se diga
Que un hombre prevenido vale por dos
Por mas que se haga, por mas que se diga
Sienta bien estar enamorado
Yo se, yo se que este próximo amor
No vivirá hasta el próximo verano
Yo se ya que el tiempo de los besos
Para dos caminos no dura más que una encrucijada
Yo se, yo se que esta próxima felicidad
Será para mí la próxima de las guerras
Yo se ya esa horrible oración
Que hay que llorar cuando el otro es el vencedor.

Pero por mas que se haga, por mas que se diga
Que un hombre prevenido vale por dos
Por mas que se haga, por mas que se diga
Sienta bien estar enamorado
Yo se, yo se que este próximo amor
Será para nosotros vivir un nuevo reino
Del que creeremos ambos llevar cadenas
Del que creeremos que el otro tiene el terciopelo
Yo se, yo se que mi tierna debilidad
Hará de nosotros buques enemigos
Pero mi corazón sabe de buques enemigos
Partiendo juntos a pescar ternura.

martes, 9 de abril de 2013

Recuerdo de Neruda

Un recuerdo al inmenso Neruda ahora que están exhumando su pobre cadáver.


           Lo contrario de un recitador de la talla de Pío Muriedas, rapsoda de procedencia bilbaína que  paso media vida declamando versos de insignes poetas por los tugurios de la capital cantabra, era Pablo Neruda – que declamaba sus propios versos con una monotonía insufrible – pero aún así ni siquiera el propio poeta chileno pudo disminuir la excelente calidad de sus poemas; sobre todo de los incluidos en su libro “Residencia en la tierra”. Este libro contiene, a mi juicio, todos los sustantivos, todas las imágenes de la nostalgia, todas las incidencias de la pasión amorosa - tanto las gozosas como aquellas que se padecen en soledad – como si se tratara de una larga letanía de cadáveres desenterrados, cuchillos, mujeres dormidas, cipreses huesudos, cenizas flotando y fotografías que tan solo amarillean cuando el whisky o la ginebra de la madrugada gotea sobre ellas. La primera lectura de este libro produce una impresión sobrecogedora, por eso resulta conveniente tenerlo abandonado durante una temporada en la parte más recóndita de la biblioteca, no vaya a ser que nos contagie la desesperación. Neruda era un vividor en el buen sentido de la palabra. Leyendo sus magníficas memorias, asombra la capacidad de este hombre para deambular por el planeta sin más equipaje que la lluvia, el alcohol, los ferrocarriles, las pipas humeantes de tabaco y los mascarones de proa que recuperaba de todos los barcos hundidos. Las mujeres, más que pertenecerle, parecen atravesarle hasta el fondo de las separaciones, quedando tras su paso algo parecido a una disciplina monacal que convenientemente distraía con racimos de uvas, eneasílabos, muelles, tabernas proletarias y largas horas tumbado sobre cualquier cama. Es indudable que el compromiso político que fue adquiriendo con el transcurrir de los años, restó hondura melancólica a su poesía pero no por eso disminuyó la calidad, aunque, eso sí, se obra hizo más industrial y menos artesana, más previsible y menos sorprendente. A mi modo de entender, a Neruda siempre le ha faltado un músico que acertara con la melodía de sus versos, dejando al margen el poderoso intento de Paco Ibañez, tan poco reconocido... De este modo las generaciones futuras tendrían más facilidad para acceder a su obra ya que, debido a la proliferación de máquinas que reproducen todo tipo de música, en este tiempo tan cantarín, todo lo que no se canta tiende a desvanecerse en el olvido lo mismo que los días felices, el aleteo de las mariposas o los radios rotos de una bicicleta abandonada, resquebrajada y recubierta de musgo.

          En fin, he aquí una pequeña muestra de su inmenso talento.





TANGO DEL VIUDO


OH Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre
y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas,
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún 
quejándome del trópico de los coolíes corringhis, 
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño 
y de los espantosos ingleses que odio todavía.

Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! 
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, 
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez 
tiro al suelo los pantalones y las camisas, 
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. 
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde 
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.

Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares, 
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón, 
así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, 
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, 
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración 
oída en largas noches sin mezcla de olvido, 
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. 
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, 
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, 
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, 
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,

substancias extrañamente inseparables y perdidas.