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viernes, 19 de abril de 2013

Fin de semana




He aquí unas modestas recomendaciones para este fin de semana, en el supuesto de que no se tengan otras cosas que hacer: un paisaje que visitar en la costa cántabra - en concreto el pueblo de Somo, situado en la parte sur de la bahía de Santander -. Dispone este municipio de una larguísima playa donde se puede practicar surf, pasear, tentar con anzuelos y señuelos a las lubinas, recoger conchas marinas o aullarle a la luna en soledad, que, en esta vida, ya se sabe, todos son aficiones... Tiene, también, los suficientes restaurantes sólidos, consistentes, alejados del minimalismo literario de la "nueva cocina", para degustar los pescado propios del cantábrico y los arroces cocinados con almejas, bogavantes, quisquillas, mejillones y otras delicias capturadas en la misma bahía, en los arenales de Pedreña, donde, por cierto, se puede practicar el golf en su soberbio club, siempre, eso si, de que, monetariamente, se disponga de algo más que el miserable salario de un periodista... Para los aficionados a la música les ofrezco aquí una rareza de la italiana Mina Mazzini cantando en español junto al también italiano Richard Cocciante y, ya, para los letraheridos, un poema del gaditano Felipe Benítez Reyes recuperado de su libro "Los vanos mundos", editado en el año 1985, libro a mi modesto entender donde están incluidos los más acertados versos de ya su larga trayectoria. Y para finalizar, o como estrambote o media veronica, remato con una certera cita de Stendhal - ¿Stendhal?, no me jodas, que pesadez -, pues si, Stendhal, que para algo estan los clásicos, que no son solo un adorno en la biblioteca del salón familiar...







Advertencia  - Poema de Felipe Benitez Reyes




Si alguna vez sufres -y lo harás-

por alguien que te amó y que te abandona, 
no le guardes rencor ni le perdones: 
deforma su memoria el rencoroso 
y en amor el perdón es sólo una palabra 
que no se aviene nunca a un sentimiento. 

Soporta tu dolor en soledad, 
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor 
está justificado si fuiste 
desleal a tu conciencia, no apostando 
sólo por el amor que te entregaba 
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre 
acusarte a ti mismo de su olvido 
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato. 
Y aprende que la vida tiene un precio 
que no puedes pagar continuamente. 
Y aprende dignidad en tu derrota, 
agradeciendo a quien te quiso 
el regalo fugaz de su hermosura.




El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a recogerla al borde de un precipicio. (Stendhal)


jueves, 4 de abril de 2013

Invierno Cantabria






Igual no es cierto pero sospecho que los inviernos en Cantabria son, más o menos, como en todas partes, o sea, incómodos - sobre todo a medida que uno envejece, claro - dada la persistencia de la lluvia, el frío, el granizo, los vientos afilados, los cielos plomizos, los paraguas goteando sobre un cansancio de paragueros y memoria acumulada y las habituales e inevitables conversaciones, a la entrada de los bares o de los edificios administrativos, acerca de la adversa meteorología.  La diferencia con otras comarcas de este antiguo reino de taifas, más conocido como España - ahora abrumadoramente convertido en un reino de mafias - viene, a mi juicio, dada por el paisaje. El viento del norte, frecuentemente del noroeste, que lo llena todo de lluvias oblicuas, bruscos chaparrones, bajas temperaturas y fuerte oleaje, es el viento predominante durante los oscuros meses del invierno, pero, en los breves intervalos, cuando el viento del sur se asienta durante unas cuantas jornadas, todo lo acumulado por este viento gallego, tanto en las montañas como en la costa, se percibe con una claridad diáfana, transparente, tan nítida que basta con ser una persona medianamente contemplativa para gozarlo o, simplemente, para admirarlo desde una dársena débilmente soleada o desde un risco levemente ensombrecido por el paso fugaz de las nubes. Es entonces cuando este paisaje invernal, además de disfrutarse, se muestra entero;  las nieves en las cumbres, las playas solitarias, los árboles, de hoja caduca, desnudos y los contribuyentes paseando. 

Limpio, tras toda la lluvia caída, el aire, entonces, se respira sin asperezas; frío, penetrante, mudo, pero casi tan puro como el deseo o el apetito de un niño. 

Lo mismo que en todas partes, cierto es que la cotidiana constancia de la lluvia - como casi todo es este desquiciado mundo - cansa, sobre todo cuando su ausencia parece no adivinarse, pero esta húmeda monotonía repleta de oscuridad, escalofríos, bufandas, caminos embarrados, faros solitarios, barcos atracados en los muelles y sobremesas nostálgicas, más o menos distraídas con aguardientes baratos, amigos, breves cabezadas frente al televisor y largas partidas de cartas, también tiene su recompensa paisajística: la verde primavera; la que ahora, en estos días, empieza a adivinarse, tímidamente,  en todos los parajes de Cantabria.

Este video es una mínima y modesta muestra de este paisaje invernal. La música que le acompaña pertenece al disco "Mina & Sconcerto" publicado en el año 2001.